Martes, 9 de Febrero de 2010

El Balón

balonJugábamos con mi balón nuevo en el patio. Un tango Adidas brillante, de color naranja, exclusivo para partidos en la nieve, cuando los campos de fútbol se pintaban de rojo. Siempre era una responsabilidad jugar con tu balón, y con ese, aún más. Ser el dueño ofrecía algunos privilegios, pero también generaba envidias. Nunca me gustó ser el dueño del balón.  Si venían mangantes al patio, en aquella época de asaltadores de partidos, el dueño del balón era el que terminaba en primera línea. Después de aquel día pasaron muchos años hasta que volví a ser el dueño de un balón. El patio estaba repleto. Jugábamos un partido de los grandes, en la parte de atrás. Al poco, un disparo lejano superó la valla de cipreses y salió a la calle. Pasaba a menudo. Era de los momentos complicados para el dueño, porque si no estaba claro quién había sido, tocaba salir a la calle sin permiso de casa. Aquel día Carlos tenía claro que iría él. De los mayores, técnico, gracioso y chulico cuando había que serlo, pero cumplidor. Enseguida se dirigió a la puerta, y yo respiré.

Nos agolpamos en la verja, para ver si antes de que saliera Carlos alguien nos devolvía la pelota, con el clásico: - Señor, por favor, ¿me tira el balón? Pero no había mucha gente. Domingo por la tarde, el Murcia jugaba fuera, y Rector Loustau estaba vacío. El balón llegó al otro lado, a la carretera, junto al bordillo. Cuando Carlos asomó por la esquina la gente volvió al campo, a esperar el balón, que siempre se recibía con un aplauso de tranquilidad. Yo me quedé allí, agazapado, esperando acurrucado en un hueco entre los cipreses, sin quitarle ojo al balón. De repente, un coche se acercó. El semáforo estaba lejos, pero el vehículo, un Renault 11 gris con el alerón negro, que no olvidaré jamás, se paró junto a mi pelota. Miré a Carlos, que hacía gestos con la mano. Se detuvo, se abrió una puerta, y asomó medio cuerpo de un hombre, que cogió el balón. Carlos le pedía que le pasara, y yo, empecé a gritar angustiado: - ¡¡Aquiiiii!! ¡¡Aquiii!!

En un segundo aquel tipo había cerrado la puerta llevándose el balón. Levanté la cabeza para ver el color de semáforo. Verde. Cuando arrancó el coche Carlos ya estaba corriendo a dos metros del alerón negro, pero el Renault 11 no se detuvo. Siguió hacia la Avenida de la Fama, girando a la izquierda. Carlos pasó como una exhalación por delante de la valla, persiguiendo el coche. Yo gritaba, y los demás venían corriendo a la valla a ver qué estaba pasando. No quería llorar, pero fue imposible. Con 10 años ver cómo te roban un balón nuevo de aquella manera no era fácilmente digerible. Otros mayores salieron, pero no pudieron hacer nada. Al cabo de unos minutos volvió Carlos: - Le he perdido en el colegio. Estoy seguro de que me ha visto. Subí a casa y me tiré contra mi cama. Juré que nunca más iba a llevar yo el balón.

La otra tarde, por Santa María de Gracia, un balón Nike amarillo salió de un jardín unos metros delante de mí. A apenas dos pasos de una señora que portaba un carrito del mercado. Creí que enseguida vendría algún chaval, pero no fue así, y cuál fue mi sorpresa cuando la señora se agacha junto al coche donde estaba la pelota, la coge, mira para todos lados sin percatarse de mi presencia, lo mete en su carrito y sigue su marcha. A los pocos segundos un chaval sale por la esquina, buscando. Corrí hasta ella. La paré. Le dije que aquel chico buscaba el balón que ella había guardado en su carrito. Sorprendida y enfadada, devolvió el balón. El chico, chándal del Barça, zapatillas de futbito, cara sucia, dijo gracias cabizbajo, cogió carrerilla y chutó por encima de los coches. Cuando el balón cayó al patio, escuché un aplauso. Sonreí. Veinte años después, terminé de cerrar una herida. Vale.

Pueblos

20100205104033-14522785Pues no he viajado yo en coche en plan de pueblos, acho, y de camping, cuando nos poníamos de rodillas así mirando por el cristal de atrás, y veíamos la torre de la iglesia que se quedaba a lo lejos, y al volvernos, ya se veía la torre de la iglesia del siguiente pueblo. Carreteras nacionales, acho, eso sí que eran viajes, con El Gitano Sandro en las maxicassettes allí con sus venas en su nuevo single: Amor prohibido, y el Boom 3 y eso, en las gasolineras, y los coches aquellos que iban atornillados en cajas de plástico duro que estaban más guapas que todas las cosas. A mi me molaba, además de hacer clasificaciones de matrículas por provincias, que me pasaba el año estudiando anotaciones hasta que salía el anuario El País para comprobar si me acercaba a la realidad, estudiar los trayectos en el mapa y jugar con Au a ver quién acertaba el nombre del pueblo que tocaba. Todos eran nombres bonitos, sobre todo los compuestos, y discutíamos sobre si los que jugaran a los pueblos en Murcia pensarían lo mismo de Puente Tocinos, Javalí, Caravaca, Alcantarilla, Los Infiernos… Al final, decidíamos que sí, que al menos les parecerían curiosos.

 

Acho, en aquellos años mi memoria era pura, era un puto John Nash de la memoria en cuanto a nombres de pueblos, que además, como los anuarios viajaban conmigo, los clasificaba por población, y durante un tiempo supe con una exactitud cuasiperfecta la población y la progresión de aumento o descenso de cientos de pueblos que pasábamos en nuestras rutas. En aquello del aumento poblacional quedé impactado con Fuenlabrada, un pueblito que en los ochenta apenas pasaba de los 10.000 habitantes y de un año para otro pegó un sprint que se colocó en los 115.000, par de huevos, que si seguía con esa progresión antes de las olimpiadas de Barcelona cogía a Murcia, y sus 303.000, que nos colocaban como ciudad capital de provincia a la que no superaba en población ninguna ciudad que no fuera capital, y eso era importante del copín. Pero hablamos de pueblos, y de sus nombres. Con lo del cementerio nuclear y los pueblicos que han saltado a la fama, he recordado, y gracias al enorme Javi Ruiz (cómo echo de menos su vocecica enlegañado en mi camica), aquel mundo de viajes y pueblos, nombres y habitantes. Acho, cómo he olvidado nombres, aunque aún, a veces, cuando vuelve el nombre de algún pueblo, brota un número a su lado.

 

Llivia, el pueblo rodeado por Francia, apenas mil habitantes, y unas truchas de rechupete, aunque las mejores las hacían en Roncesvalles, menudas truchas a la Navarra que me cuajaba con  mi metro veinte, son dos pueblos que recuerdo con especial cariño. De los cientos por recuerdos únicos, nunca olvidaré Aledo, y mi primer campamento, Alaior, el Rohirrin menorquín, o Cariñena, y las comidas de carretera, como las cenas de madrugada, en Daroca, enamorado, o aquel Roda de Ter, y el verdor de agua dulce. También Olula del Río, mármol familiar, y el sol de Almería, esos pueblos grandes que se mantienen con sus varios miles de habitantes. También Rodalquilar, abandonado y precioso, junto al playazo, recuerdos cercanos. Meres, una maravilla oculta en el corazón de Asturias, y por la amistad, como el Campo de Borja, o el pequeño Els Falcons, ahora La Romaneta, de donde soy hijo adoptivo. Imposible no citar Cañada de la Leña, limbo murcianístico, donde tengo guardado un trocito de corazón en forma de gachamiga, y otros tantos, como Medellín, Artá, Cesantes (sin haber ido), Benimantell, en Aitana, Urrez en Burgos, Astigarraga y la sidraría, y sobre todo, Unciti, con el baile en el frontón, en una de las mejores noches de mi vida. Fuera, Stockport, Malvern Wells, o Carmel, donde se puede pasear entre playas gigantes y olas de verde océano… ¿Qué pueblos son parte de tu vida? Vale.

Audrey

 

popartfaceEl regusto de la canción del verano, mezclado con una pizca de alerón de Opel Kadett maqueado con muchos euros, unas pequeñas dosis de plató de televisión, aderezado todo con el resabor del sueño americano, con ese toque kitsch de la lata de sopas Campbell´s, amortiguado por una sobreexposición antinatural del símbolo, con una pérdida supina del verdadero origen de admiración, además de una pequeña sensación de impotencia al estar frente al Sí, pero No, más No de la historia viva de los Sis, pero Noes. Eso es lo que veo cuando, casi a diario, me encuentro una imagen de Audrey Hepburn apopizada, ya sea con estilo, o vulgarmente, colgada en una pared. Da igual cual sea de las cuatro o cinco que pululan cual hastalavictoriasiempre sobre marcos, lienzos, pósters, bolsos y hasta camisetas. Cigarrito, gafotas, mirada felina, My Fair Lady, o Breakfast at Tiffany´s, ahí está el icono Audrey, martilleando sobre su propia identidad, en bares, restaurantes, pubs de medio pelo, paredes de intentonas modernens, tiendas de regalos… y no parece perder vigencia.

Aún quedan valientes, no se sabe si románticos fans de Audrey, verdaderos creyentes de su religión, pensadores de su imagen, enamorados de la sencillez elegante en blanco y negro, o ratoncicos atrapados en la corriente iconoclasta inconsciente que ha minado la mirada de la chica perfecta. A veces, cuando cruzas tu mirada con Audrey de repente en un bar, o entre la gente, al fondo de un escaparate, aún creo en ella. De repente todo cuadra, y no entiendes cómo es posible que no todas las mujeres del mundo quieran ser ella. Otras veces se cuela en tu campo de visión, y la ves atrapada en una mirada eterna, aplastada por colores fuertes, fumando de su larga pipica, y parece que se te atraganta. Hoy no es mi día Audrey. Cada vez tengo menos días Audrey. Igual es cosa mía, como todo, que hasta con una chica como ella al final la culpa de todo la tiene uno mismo.

¿Y si pusiera en mi estudio una vieja imagen de Audrey bien guapica y repeinada, mirándome desde la pared? Así podría verla todos los días, y tratar de dilucidar qué me pasa con ella. Podría tener largas conversaciones, como las que tenía el chaval Hornby con Tony Hawk en su último librico. Los días Audrey empezarían a tener un sentido diferente. Creo que me enamoraría, como un loco, con esto del treintañerismo y mi complejo de Peter Pan. Luego, vendrían coleguis a casa, entrarían al despacho, verían el póster, y acho, ¿qué pensarían? Eso mismo pensarán los valientes, cuando una mirada de Audrey se te atraganta inesperada, porque mira que el mundo tiene recovecos, que hasta es dulce y sencilla elegancia en un gesto, puede llegar totalmente del revés. ¿Cómo son tus días Audrey? Vale.

Cosicas…

azaharEsas pequeñas cosas que disfrutamos, muchas veces casi sin percatarnos, porque son normales, habituales… son como la pizca de azúcar de Mary Poppins, una medicina sencilla para relativizar el día a día, sobre todo cuando han pasado momentos difíciles. Escribirlas me relaja y me sitúa. Achopijo es hoy una ráfaga de aire fresco. Espero que las disfruten pensándolas tanto como lo hago yo escribiéndolas:

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El primer beso de la mañana, una toalla caliente, ver caer una hoja seca, mirarse en el espejo y sonreír, empezar un libro, meter el brazo entre los cojines del sofá, estirar los pies hasta oírlos crujir, hacer una bomba en la piscina, que te ofrezcan un bombón, la sonrisa de un desconocido por la calle, la mirada de una chica que pasa en el autobús, la carrerica para cruzar cuando el semáforo parpadea, el sonido de las ruedas del coche por la tierra, aparcar en zona blanca, encontrar algo que no buscas, buscando algo que no encuentras, una canica en el bote de lápices, una foto antigua quemada por la luz, dejarse caer sobre la cama con los brazos abiertos, ver volar una cometa, madrugar un domingo, el olor a chocolate, hacer un mate imaginario sobre el dintel de una puerta, esconderse debajo de la cama, un guiño de ojos, encontrar una vieja libreta de notas, el mail de un amigo entra mucho spam.

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El sonido de una gaviota en el puerto, y el chinchineo de los mástiles, el ruido del viento en el mar, la arena alisada por el invierno en la playa, el calor de una bufanda un día de frío, una carta manuscrita en el buzón, pasar la bola en padel lanzándose al suelo, un tiro fuerte al larguero, el recuerdo de aquel gol, una tele antigua, recuperar un recuerdo olvidado, terminar un libro antes de dormir, la luz al salir del cine, deshilachar una hoja de romero para oler a campo, la flor de un cactus, y el vuelo de dos tórtolas entre los pinos, el pan caliente, la horchata fría, el olor a almendra molida, y las primeras flores de azahar. Las luces de los rascacielos al atardecer, el aviso de un peatón por una puerta semi abierta, el beso de dos novios en un banco del parque, ver a los niños correr, una canción que llevabas tiempo sin escuchar, el sueño de un niño en tus brazos.

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Un coincidencia total, ver escrito el número del año que naciste, una matrícula de Murcia lejos de tu ciudad, pasear sin rumbo por ciudades nuevas, no llevar reloj, ni móvil, ni tener cercana obligación, una pelota hecha con bolsas de plástico y fixo, abrir una lata de atún con abrelatas y chuparse el aceite de los dedos, sacarle el corazón a un tomate, cogerse las mangas de la camisa cuando te pones el jersey, el cojín de encima de la barriga en el sofá, acariciar su pelo mientras duerme, el ajete de las migas, el chocolate del sandy, la palomita dulce quemada, las veletas de los edificios, la escarcha en las hojas de morera, pisar sólo las losas blancas, el olor a guiso de ternera, el hielo del gazpacho, darle de comer a las palomas, mirar hacia arriba en las calles de toda la vida y descubrir nuevos balcones, encontrar pulseras guardadas hace años, un póster viejo, doblar un clip, los mordiscos de un cachorro, una flor entre las hojas de un libro, cerrar los ojos al sol, un viejo graffiti que resiste al tiempo, saltar una valla, chutar una piedra por el mismo carril de losas, un nuevo comentario en el blog, un domingo más, leyendo el periódico… Vale.

Geles y Champuses

8521467061346272Yo no uso esponja, acho, y gasto un huevo de gel y de champú. Pero que me lleno la manico así que se rebose y que haga más espuma que la vida. Los que ponemos pasta de dientes en el cepillo como en los anuncios, creo, que también nos ponemos gel y champú a espuertas. En temas de champú y gel soy bastante, bastante fiel. Moussel, H&S, Timotei (aunque hace tiempo ya) y ese que lleva melocotones que es blanco con la tapica verde, que parece que brota allí, en la bañerica. A veces, también cae un Hacendado, por eso del monopolio, que los geles blanquecinos tienen su aquel. Desde que somos dos en la misma ducha me han colado lo de los recargadores, y siempre enchuflo champú y gel desde el pilonico de frisfrus, algo que en casa no era así. Allí era directamente del bote. Menuda colección había en la bandejica. Por eso siempre, y digo bien, siempre, que me ducho en gimnasios y/o duchas de campo de fútbol me olvido del botecico, ya sea hotelero, grandón, real, ficticio o de frisfrus. Pero un índice de 99,9 por ciento, acho, muy por encima de paraguas y gafas de sol, lo que más he perdido en mi vida han sido botes de gel y champú.

 

Lo que es comprar en tienda, poco. Los geles y los champús son de esas cosas que parece que siempre va a haber. Es el trabajo silencioso de ellas, y que siga así. Cuando en la lista pone champú hasta que encuentro el pasillo en el que está he pasado por los papeles higiénicos, la comida de perros, el menaje, las lejías… acho, alguna vez lo he dado por perdido y me he hecho el sueco (¡Anda! Se me ha olvidado el champú…). Pero anda que no jode cuando estás en la duchica, le aprietas y el botecico te insulta con un: Pfffrrrrrrrrr! Y sale así una pompica. Es como dicen los champuses que te den, que no dan para más. Entonces es cuando empiezas a investigar en el resto de botes que hay allí puestecicos que parece que no sirven na más que para decorar la repisa. Vistacico, y al final coges el que más se parece al champú, sin leer nada, claro, te pones en la manico así, como siempre y cuando tocas pelo pasa eso del aceite, que uno ve las estrellas de la tiricia, porque aquello se resbala como si fuera el liquidico de los mejillones, y el pelo se queda que parece un espejo, acho, y se te pone de punta hasta el ombligo. Entonces lees: Acondicionador. Acho, el error del acondicionador de paya, otra vez.

 

Sí, tropezamos en la misma piedra una y otra vez. Pero en la ducha es que uno no puede ponerse a pensar antes de actuar, al menos yo. Así que bueno, la solución es sencilla, y el que se asuste que se compre un piano. Lo que yo hago es verter una ración triple de gel de baño en mi mano derecha y lavarme el pelo con el jabón, que el mejillonismo se termina en un periquete, y el pelo se queda como si te lo hubieran lavado mil mariposas de Disney, que yo creo que la gran mentira de la humanidad es que el gel es una cosa y el champú otra. Pero bueno… por si las moscas, yo sólo mezclo como solución de urgencia ante el error del acondicionador. Acho, y todo esto hoy, que han pillado a los champuses poniéndose el mismo precio y reduciendo el tamaño de los envases. Qué cabrones, eso es que quieren vender más acondicionador mejillonero. Menos mal que Henkel se ha chivado, y acho, si acaso, que hagan botes más grandes. Y ya que están en el candelero, acho, no vendría mal una nueva versión del mítico anuncio de Fa. Soy muy fan de Fa, pero nunca lo he usado. Por cierto, ya que estamos hablando de champús y eso, y no sé cuando volveremos a hablar, os diré que la palabra Champú está en el top tres de mis palabras preferidas. ¿Qué rollos te traes con los champuses y los geles? Vale.

Chaqueticas

20100122124209-guardiola11209Lo que no sé es cómo he pasado tantos años de inviernos murcianicos sin la chaquetica esta que ahora está, acho, que es de esas cosas que uno agradece se pongan de moda, porque además del pego, acho, sirve. Aún más para un ansiosudador como el que les escribe. Hace ya meses largos, y siguen aquí. Tanto que ayer mismo me pillé dos chaquetillas de punto en el Corting en un dos por uno de esos de rebajas, que eso ha sido todo en estas rebajas crisísticas, y ahí voy, con ellas más lombriz que cualquier otra cosa, sin sudores braceros, ni coloretes de Heidi, y además, me cabe el abrigo como si fuera un guante de franela, no como con los jerseisacos de antes, que te tomabas un golpe con el abrigo puesto y había que llamar a un soldador profesional para que te lo quitara sin problemas. Sí, sí, para los inviernos aprimaverados de nuestra Murcia del alma lo mejor del mundo es que haya llegado la modica de las chaqueticas.

 

Además, pijo, llevan dos bolsillicos así delante que no he visto cosa más útil en una prenda de vestir más elegante y funcional, que una riñonera es útil, pero mira que es fea una riñonera, empezando por el absurdo nombrecico que le pusieron al artilugio, por no llamarlo bolso, digo yo. Si guardo un respeto por los arriñonerados es por mi hermano Atrilista, pamplonica de bien, que es por eso. Acho, que en Pamplona llevan riñonera o si no los fusilan, que es el primer artículo de la Ley foral de lo viejo: - Para estar empadronado en Pamplona es esencial llevar riñonera, o chándal Adidas, o camiseta de manga larga con rayicas lilas y grises o verdes y grises, y en invierno, forro polar. Cuantas más prendas se combinen, menos impuestos se pagan. ¿Y qué llevan los pamplonas en las riñoneras? Bueno, eso es vox pópuli, pero no seré yo quien lo descubra. Lo que ellos llevan en la riño aquí se lleva en otros sitios.

 

Lo que no sé es si a Iruña ha llegado lo de las chaqueticas britimodernens… pero me da que igual allí pasó la modica hace una década, acho, que allí al que no toca en un grupo lo exilian a Zaragoza en un plis. Ya hablamos de la finura de los jerseys, y de lo bien que nos viene a los que merodeamos las tres cifras (Sr. Jena dixit), que solemos ser de termostato salvaje, así que gracias al brit pop por moverlas, y que me hayan llegado, aunque sea tarde, porque voy con mis chaqueticas bernaleras más cómodo que un San Bernardo campante por Chamonix. Lo que no hago muy bien es combinarlas con camisas… pero todo se andará, que lo que tienen las chaqueticas es que un día pareces Sean Frutos Murcia guay, y al siguiente un lord inglés que toma el té y escupe al decir las eses… Habrá que buscar la línea media, un poco a lo Guardiola, que es quien ha terminado de fijar el concepto chaquetilla, ¿no? ¿Tienes chaqueticas? Vale.

Gracias Michu

Michu ya no juega en el Real Oviedo. Pero allí, en el Requexón, se hizo futbolista. Su primera camiseta era azul carbayón, y sus primeros goles, siendo un niño, los celebró con el puño en alto y una sonrisa, abrazado sus amigos, en los campos de césped mojados por el orbayu de su tierra. Esos amigos con los que ha celebrado cada gol que encajaba el Sporting, el eterno rival, cuando lo del fútbol era aún un anhelo. Era un niño, pero cuando todo empezó, aún pudo vivir esas semanas especiales, en las que Asturias se revolvía de arriba abajo, esperando el partido del domingo, entre carbayones y sportinguistas. La Mareona inundaba la capital de rojiblanco, y el Tartiere se vestía con sus mejores galas. Eran los años del Colectivo, cuando las Brigadas Azules y los Chiribis hacían del fondo un volcán de oviedismo. Eran partidos del siglo, y duraban dos semanas, una antes, y otra después. Michú vivió todo eso siendo un niño, pero creció, y siguió jugando al fútbol. Debutó con el primer equipo con 16 años, en el día más feliz de su vida. Cuando llegó arriba, el Real Oviedo había caído hasta la tercera división. Los golpes del fútbol son difíciles, también para jugadores como él, formados en un equipo de Primera, que ahora lucha contra el filial de su eterno rival. Sin embargo, el sueño de jugar uno de aquellos partidos sigue vivo. El fútbol da muchas vueltas, como la vida.

 

El trabajo diario hizo futbolista a Michu, que tuvo que salir del Real Oviedo para hacerse el futbolista que quería. Con dolor, pero con convicción, Michu inició su carrera. En pocos años logró hacerse con un cartel interesante, joven promesa, perla en Segunda, y en la agenda de clubes importantes, como el Sevilla. Su Oviedo ha seguido estancado, ahora en Segunda B, aunque su afición ha seguido fiel, siguiendo al equipo por cientos de campos, con un apoyo incondicional digno de admiración. Michu no se duerme un domingo sin saber cómo han quedado los carbayones. Las vueltas del fútbol ponen sobre la mesa de Michu una oferta que dobla su salario. Es para jugar en Primera. Un paso más en su sueño y en su profesión… pero, cosas de la vida, y del fútbol, la oferta es del Sporting de Gijón. Sigue teniendo un sueño que cumplir. Lleva tres años en Vigo, mejorando, jugando al fútbol, un deporte que hoy le debe la alegría de toda una hinchada, como premio a su fidelidad.

 

La encrucijada hace que Asturias vuelva a removerse entre carbayones y sportinguistas. El fútbol está por encima de tantas cosas… Pasan días muy difíciles para Michu, que tiene claro que no quiere jugar en el Sporting, pero hay otras circunstancias que deben ser pensadas. Mientras, sportinguistas y carbayones pelean dialécticamente sobre el futuro del futbolista. Aparecen informaciones sesgadas, los rumores se hacen titulares, y a pesar de los desmentidos del jugador, se dice que ha habido amenazas, tanto de sportinguistas que no quieren a un carbayón vistiendo su camiseta, como de carbayones tachando a Michu de traidor, antes de que él mismo se haya pronunciado. Michu sólo escucha a su corazón. Los recuerdos de aquel gol son en azul carbayón. Su primera camiseta, el primer día en el Tartiere, sus amigos, su ciudad, y su gente pesan más que cualquier otra cosa. Aún tiene 23 años, y mucho fútbol por delante. La decisión estaba tomada desde siempre, pero Michu sabe que está haciendo algo fuera de lo común. Habrá muchos que no le entiendan, y es posible que otros clubes le cierren la puerta. Pero la rechaza, por su oviedismo. Michu se atrevió, y sin jugar para el Real Oviedo ha dado una alegría indescriptible a su afición, que ya tiene un ídolo eterno: La fidelidad no tiene precio, gracias Michu. La pancarta de Symmachiarii fue aplaudida por el oviedismo el pasado domingo con una larga y emotiva ovación, en un homenaje único en el fútbol de hoy, al que como hincha quiero sumarme, porque cosas así hacen engrandecen el fútbol: Gracias Michu.

Señoras que…

tn2_angela_lansbury_2Además de las cosicas del día a día, la tele, las modicas, las frases que más pegan y eso, ahora hay que estar al loro con lo que pasa en Facebook, acho, que los coolhunters no deben dar abasto en su curro, y en esos temas las redes sociales incluyen sus tentáculos para saber qué pensamos, qué nos mola y sacar tajada, claro está. Así, en el Face uno puede hacerse fan de cualquier cosa. Por ejemplo, el día que se supo que Tiger Woods además de una envidiable colección de trofeos poseía otra de preciosas noviamantes, su club de fans aumentó considerablemente. Entrabas a tu Face y veías como el cabroncete de turno había puesto en su muro: Fulano Pérez se ha hecho fan de Tiger Woods. Así con esas, pues de vez en cuando cazas un grupico que te interesa, y te haces fan, que es cosa de un click en el ratón. Yo soy fan del pastel de carne, de la ensaladilla, de los strokes, de Bitterconch, de Mad Men, del Real Murcia… bueno y de otras muchas cosicas así. Vamos que si un coolhunter me pilla puede hacerme un traje, que sabe más de mí, que mi madre.

El caso es que el rollo hazte fan ya se ha asentado, y en esas, se ha generado la primera gran super moda facebookera, que lo tiene todo para que empiece a haber merchandising, o dar el salto a la tele de alguna manera, porque acho, no hay día en el que no se cree un nuevo grupo, o en el que dos o tres amigos se hagan fans. Es la moda ‘Señoras que…’ Sí, sí, grupos de fans de más de 30.000 personas cada uno que son fanáticos de ‘Señoras que lo dan todo bailando los politonos de Telecinco’, ‘Señoras que se golpean las tetas cuando se abanican’, ‘Señoras que quedan para ir a andar’, ‘Señoras que van a la tienda a hablar con el dependiente y no compran’, ‘Señoras que cantan alto en misa’, ‘Señoras que van paseando y se paran en seco para dramatizar la conversación’, ‘Señoras que creen que dan palmadas al ritmo de la música, pero no’… Bueno, hay más de 500 grupos de Señoras que, que a su vez, tienen en total cerca de un millón de fans en toda España, acho, y eso no es mocopavo. Toda una revolución, que además esconde un trabajo colectivo de observación que ha terminado por definir a las Señoras españolas con unos índices de perfección que asustan, porque acho, lo bueno que tiene el fenómeno es que todos, absolutamente todos, hemos visto alguna vez a alguna Señora que… hace cualquiera de las cosas sobre las que hay un grupo.

Un hito, acho. Es un hito. Todos los días pongo el Face y me pego una carcajada con el nuevo grupo Señoras que del día. Parece que ya no quedan Señoras que, pero acho, siempre hay algo: ‘Señoras que van a la orilla y apoyan sus manos en la cintura’, ‘Señoras que se equivocan de muerto en el tanatorio’, ‘Señoras que abren el regalo sin romper el papel y después lo guardan’, ‘Señoras que discuten para ver quién está más enferma’, ‘Señoras que llaman Pryca al Carrefour’, ‘Señoras que nadan sin mojarse la cabeza para no estropearse el peinado’, ‘ Señoras que esconden el bolso cuando te ven’, ‘ Señoras que dicen cocreta’… bueno, así, hasta más de 500 resultados en Facebook, aunque el fenómeno ha dado para derivar en un surrealismo absoluto en los grupos de Señoras, que hasta hay varios grupos de fans de los grupos de fans de Señoras que. Por cierto, en el miniestudio que he realizado, la foto que más se utiliza es la de Ángela Lansbury, la Señora de Se ha escrito un crimen, que se convierte con esto en la imagen del fenómeno. Un retoque en plan popart y la convertimos en icono en un plis. Así que si usted no está en Facebook y un día escucha una conversación sobre el tema de las Señoras que, sepa que de aquí viene. ¿Se te ocurre algún nuevo grupo de Señoras que…? Vale.

El Dalsy

dalsyCuando uno es padre descubre dos docenas de cosas que desconocía por completo de la vida cotidiana, que se convierten en un pispás en esenciales, y que, con el tiempo, a uno le parece mentira haber pasado casi treinta años sin conocerlas. El ejemplo más evidente son las toallitas, que ya fueron sujeto de post, elemento indispensable en el mundo bebé, pero que aplicado a cualquier circunstancia cotidiana puede sacarte de un millón de problemas. Pero otra de las cosas que uno descubre cuando se convierte en padre es el Dalsy, acho. Junto a la rueda y el fuego, el Dalsy es hoy por hoy, uno de los más importantes inventos del ser humano. Jamás un brebaje me había sorprendido tanto, acho, que tiene una respuesta causa efecto un trillón de veces superior al tequila, pero no poniendo pava, sino curando y tranquilizando a los niños, de ahí su suprema importancia vital. En el prospecto pone que es ibuprofeno, pero yo no me lo creo, acho, porque ibuprofeno hemos tomado todos y no es que sea la panacea, acho, pero lo del Dalsy es mano de santo, es como tener sed y beber agua.

Cuando los bebés se ponen malos toman primero Apiretal, que es una especie de Dalsy pero más flojico, que zurula bastante bien, pero bueno, renquea. Cuando los bebés son un poquico más mayores, esto es que pasan de seis meses, más menos cuando pueden sujetar su cabezón ellos solicos, ya pueden tomar el Dalsy, acho, y entonces estás salvado. El Dalsy es un todoterreno de la medicina bebística, es un medicamento mercenario, que doblega catarros, dolores de dientes, mocos, toses, diarreas y hasta chichones. Es la panacea, el sumun, el santo grial contra las enfermedades de la primera base, todas esas que se pillan en la Guarde el primer mes. Acho, es como un Didi Seven contra los viruses. Yo estoy ojicos con el Dalsy, acho, porque es que me veo en plan anuncio de Ariel, con mi delantal, y un frasco de Dalsy en mi mano en primer plano, diciendo que el niño tenía tos y mocos, y no dejaba de llorar, entonces le dimos un jeringuillazo de Dalsy, que degustó como si fuera un caramelico, y a los pocos minutos dormía como un bendito. Dalsy, el milagro antiviruses.

El Dalsy es naranja puro, pegajoso y sabe a jarabe antiguo. Es dulce, claro, y se toma en jeringuillazos. La cantidad va subiendo con la edad, y el límite son los 12 años, acho, que a esa edad ya hay que dejarse el naranja y tomarse el ibuprofeno de toda la vida. Los 12 años marca el límite. Aún nos quedan 11 con El Guille, que junto a su padre, es dalsista 101 por cien. Acho, que somos 1.280 fans de Dalsy en Facebook, y eso no es ninguna tontería. El logo es bastante, bastante feo, pero se le coge cariño, como para no cogérselo. La maniobra de sacarlo del frigo, agitarlo con desteza cocktelera, y extraer los cuatro puntos de jeringa, volcando suavemente el tarrico marroncillo jarabe, notando el semiprigue y olisqueando la dulzura, es todo un ritual. Luego llegas a la cuna, entre sollozos y lagrimones, y aplicas. En unos segundos se atisba la calma, porque el bebé ya sabe que en unos minutos estará soñando, sin dolor de dientes, respirando a pleno pulmón, soñando con peluches enormes y McQueens ganadores, y el pasillo vuelve al silencio. Vuelves a la cocina, cierras bien el tapón, limpias la jeringa, cierras la caja con mimo, y suspiras, qué haría yo sin Dalsy… Luego vuelves a darle un beso al mico, que ya se ha calmado, y con una toallita te limpias las manos en un segundo, borrando cualquier atisbo de pegajosidad dalsística. Aún no lo he probado, pero os aseguro que si cojo un virus, un jeringillazo me aprieto. ¿Conocías el milagro Dalsy? Vale.

I Feel Alive

miguelitoiiiMiqui me miraba abriendo los ojicos suavemente, despacio, bajo la fuerte luz blanca del paritorio, mientras su madre le acariciaba la mejilla con dulzura. Hacía solo unos minutos que había liberado la tensión de muchas horas de parto, pasillos, paseos, mensajes de móvil, charlas con la matrona y caricias con su mami, esperando su llegada. Tensión acumulada, horas largas en las que todo se centra en ellos, en los tuyos. A apenas cien minutos para terminar el día de los Magos, Miqui decidió acelerar su llegada al mundo, y al poco de poder entrar a coger la mano de Pilar en el paritorio, llegó su hora. Nació pequeñico, con adelanto, pero con la fuerza de un superhéroe. Apenas lloró, y desde el primer suspiro, abría sus ojitos a ratos cortos, investigando el nuevo mundo. Piel con piel, decía la matrona, y se olvidó todo en un instante, cuando el bebé se acurrucó sobre el pecho de su madre, y recibió un beso largo en su cabecita, con la mayor ternura que es capaz de reunir el ser humano. Un regalo de Reyes sin comparación. Después de dos días, todavía hace que se nuble todo lo demás, cuando has vivido el milagro de la vida.

Enseguida pude acunar a Miqui en mis brazos, y como hizo Guille, su hermanico mayor, me abría los ojos con esfuerzo para mirarme, y descubrir qué aspecto tiene esa voz que se acercaba a la barrigota de su mami para decirle cómo había quedado nuestro Real Murcia en su último partido. Mi tita Mamen estuvo allí todo el tiempo, como siempre, apretando la mano de Pilar, y tranquilizándonos, vestida de blanco. Es el ángel de la guarda de los niños de esta familia. Me vio nacer a mí y ha estado con mis dos hijos, dándoles todo su cariño, desde su primera bocanda de aire. Salimos del pasillo cerca de la media noche, ya sin tensión, con esa sonrisa que sólo el nacimiento de un hijo puede dar. Tocaba reanimación y tranquilidad, para mamá y para Miguelico, que tenía que comer y recuperar. Un último beso, una última mirada cómplice, una caricia, y allí les dejé descansar, hasta vernos en la habitación.

Me puse mi trenca, mi bufandica, y salí al exterior. Hacía frío. La sonrisa permanecía intacta, y empezaron a volver recuerdos, de Guille, del día de Reyes, de mis padres, mis abuelos, tíos, primos, amigos… toda esa gente que ha estado viviendo la tensión conmigo, con nosotros todo el día. Con el aire helado y finas gotas de lluvia, me sentí más vivo que nunca en mi vida, feliz, sin preocupaciones absurdas de ningún tipo, cómodo, en paz conmigo mismo, y con infinitas ganas de empezar con Miguel nuestra vida. Antes de llamar, me tomé un respiro, y recordé las palabras de una buena amiga: disfruta el momento. Toque mi mp4 por casualidad, olvidado en el bolsillo de la trenca, y me detuve en la barandilla del parking del Hospital, a escuchar algo de música. Pensé en Viva la vida, pero por esas cosas de los aparatos, tras colocarme los auriculares, sonó Alondra Bentley. I feel alive… como un pequeño milagro caprichoso del destino, y la dejé, porque desde el primer acorde, noté que era la banda sonora absoluta de aquel momento de felicidad… I´m in love with everything that I can see around… lo preferí. La dulce voz de Alondra Bentley terminó de convertir la tensión acumulada en alegría contenida. Me quité los auriculares, y seguí mi camino. Saqué el móvil y busqué la M: - ¡Mamá! Ya está aquí Miqui! Ha sido espectacular, todos estamos bien… (…) Vale.